domingo, 12 de abril de 2026

El perdido genio del lenguaje

Para Aster y todos los colegas del aula 13

Nuestro lenguaje es, entre otras muchas cosas, compositivo y referencial: está construido con unidades sucesivamente ensambladas y transmite información. El lenguaje animal, en cambio, es mayormente holístico y manipulador. Cuando una gacela levanta la cola y todo su grupo echa a correr, su mensaje ha sido un todo indivisible que no transmite información ("me ha parecido ver una leona asomando detrás de un arbusto"), sino que pretende únicamente manipular el comportamiento de sus congéneres ("¡huye!").

En este punto hay que tener en cuenta que, cuanto más conocemos del lenguaje animal, menos clara es esa frontera que levantamos entre nosotros y el resto de las especies. Cada vez hay más datos que apuntan a una proto-compositividad (cuando menos) en el lenguaje de algunas aves y primates (Klinedinst 2025, Berthet et al. 2025, etc.). Pero esto es otra historia.

En cualquier caso, en algún momento de la evolución homínida, nuestra comunicación tuvo que tener esas dos características básicas, es decir, tuvo que ser holística y manipuladora. Y también multimodal, musical y mimética, si atendemos a la hipótesis del lenguaje Hmmmm de Steven Mithen (2007 en su traducción española). Pero eso también es otra historia...

¿Cómo pasamos de un sistema de comunicación a otro? Es una pregunta fascinante, que probablemente nunca seamos capaces de contestar.

A mí me gusta imaginar que un buen día, hace unos 300.000 años (o quizá muchísimos más), un niño, jugando, encontró una asociación arbitraria entre una mínima porción fónica y un determinado significado, que se repetía en dos o más de los mensajes holísticos de su repertorio (amplio pero siempre limitado). Encantado con su hallazgo, ese niño repitió incansablemente dicha asociación, y la transmitió a sus compañeros de juegos. Comenzó así una transición -que duraría milenios- entre dos sistemas de comunicación, que nos acabaría convirtiendo en la especie dominante del planeta.

Me gusta imaginar que hubo una vez un niño perdido, del que ni siquiera sabemos si era sapiens o pertenecía a otra especia homínida, que fue el mayor genio de nuestra historia evolutiva. Su hallazgo fue la madre de todos los eurekas, porque nos hizo ser como somos: extraños animales hechos de palabras.